Ruta Swing por Sevilla

  • ¿Berta, cuánto queda?
  • No mucho, una horita…

Mientras Berta conduce me gusta organizar las actividades que vamos a hacer durante nuestro primer fin de semana swing. Es una idea que se nos ocurrió hace un par de meses cenando. Dijimos, ¿Oye, si tanto nos gusta por qué no nos hacemos una rutita swing por España de vez en cuando? Así que aquí estamos, esta vez en Sevilla.

Escogimos Sevilla porque bueno, yo nunca había estado y Berta tuvo un novio sevillano cuando tenía 17 años y dice que “esa gracia andaluza no la ha vuelto a ver y que ya va siendo hora de volver a verla”.

Cuando llegamos al hotel H10 Casa de la Plata nos enamoramos, su decoración vintage pero moderna nos transportó a ese universo swing que adoramos pero sin abandonar la comodidad de un buen colchón del siglo XXI y un aire acondicionado silencioso. Dejamos las maletas y nos lanzamos a la calle. Había muchos sitios que visitar y muy poco tiempo que perder.

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Salimos disparadas a desayunar a un sitio que encontré por internet llamado “El viajero sedentario”, una cafetería de estas con libros, ajedrez, café y muchas y muy ricas tartas, tartas y tartas con ese aire retro que a Berta y a mi nos vuelve locas. Solo nos pillaba a 15 minutos del hotel así que fue una oportunidad para ver la ciudad por primera vez. Eso de que Sevilla tiene un color especial es cierto, Sevilla es de muchos colores, de muchos olores y de mucho sentimiento.

Cuando llegamos a la cafetería nos sentamos, respiramos y nos imbuimos del ambiente vintage del lugar. Yo me tomé un trozo de tarta de zanahoria y un té rojo, Berta una tostada de hummus y un café solo. Dicen que el hummus te puede dejar la boca pastosa, pero a Berta parecía no hacerle efecto, porque no dejaba de parlotear sobre su novio sevillano de hace 15 años y su amplísimo conocimiento de Sevilla, aunque solo estuvo aquí 3 días. En fin, yo me concentraba en sentirme como en una época paralela lejos del trabajo y del ruido.

Sobre las once nos pusimos en marcha hacia la tienda Planeta propio (@laviquefashionandocostumes) para podernos comprar un par de diseños tipo años 40/50 confeccionados a mano con los que bailar Swing. La dueña, Vicky, fue encantadora. Nos explicó que su inspiración es la primera mitad del siglo XX y que aunque podíamos comprar ropa de la que tenía allí, también podíamos encargar lo que quisiéramos. Y no solo tiene ropa sino que también vende zapatos de la marca Swingz. Vicky nos contó que por las noches en algunos sitios de la ciudad se toca música y se baila hasta que se rompen los tobillos. Aún más emocionadas salimos de la tienda con dos conjuntos cada una y yo un par de zapatos rojos como el carmín con los que pensaba bailar en cada baldosa de Sevilla.

Planeta Propio
Planeta Propio

Calor. En Sevilla hace mucho calor, salimos de la tienda y la bofetada de calor nos espabiló haciéndonos buscar cobijo cuanto antes. Cerveza, fría, helada. A 10 minutos de allí sabíamos que había un restaurante bonito, bueno y con aire acondicionado, Salvaje, como el calor de esta ciudad.

Restaurante Salvaje

Entramos al restaurante como dos remolinos de sed, hambre y calor. Nos sentamos y en cuanto hidratamos nuestro cuerpo, la mente y la boca de Berta se pusieron de nuevo en funcionamiento y adiós a la tranquilidad. No me malinterpretéis, adoro a Berta pero adoro aún más unas buenas croquetas de jamón o una tabla de salchichón ibérico. Después de unas 5 cervezas con sus consiguientes tapas, estábamos tan llenas que solo queríamos rodar hasta el hotel, y eso hicimos. No se quien más ha dormido en esas camas antes pero seguro que no ha dormido más a gusto que nosotras.

A las cinco de la tarde empezamos a arreglarnos para salir a explorar la ciudad, nos dirigíamos a la universidad que está cerca del centro y tienen una cafetería donde nos habían dicho, suelen poner música jazz y tiene el ambiente vintage-artístico que nos gusta tanto y que haría buena pareja con nuestros recién adquiridos conjuntos.

La cafetería se llama café Cicus, en este lugar se celebraron las primeras ediciones del Sevilla swing festival. Es una cafetería acogedora, sin muchos ruidos, perfecta para desconectar del ruido de la ciudad aunque esté muy cerca del centro. Había música y gente muy diversa pero todas compartían la paz y el respeto por ese lugar.

Café Cicus.

Era hora de ver cosas como la Giralda y el centro de de la ciudad. Me gusta Sevilla porque hay chavales de 13 años con música, turistas en grupos haciendo fotos hasta a los chicles del suelo, personas que corren a su trabajo, parejas que acaban de empezar, hasta hay 2 locas por el swing. Lo mejor, nadie sobra y nada altera.

Cenamos unas tapitas rápidas porque estábamos deseando irnos a la alameda de Hércules, nos habían dicho que hoy tocaban Paula Padilla (@sisterpaula) con Jazz de marras. Todo un privilegio poder estar allí. Por el camino repasamos algunos pasos de Lindy hop y Balboa pero en realidad lo que queríamos era calmar un poco nuestro nerviosismo.

Conforme nos acercabamos empezamos a escuchar el sonido de una trompeta mezclada con más instrumentos, la inconfundible voz de Paula y el gentío que se iba congregando. Empezamos tímidas, sintiendo el bounce, pero después de un par de canciones nos dejamos atrapar por el rito del swing y mis zapatos nuevos empezaron a dejar de serlo con cada nota que llegaba hasta ellos. Berta y yo nos agarramos y bailamos entre la gente durante al menos cuarenta y cinco minutos. Después, tomamos un poco de aire y dos chicos muy agradables nos invitaron a bailar, Berta estaba risueña y feliz por esta aventura que estábamos viviendo y yo me sentía muy feliz por sentirme tan viva.

Cuando ya pensábamos que nos íbamos, nos invitaron a un clandestino en unas calles cercanas a seguir bailando, Berta y yo nos miramos emocionadas, no pudimos decir que no porque nos parecía que terminar la noche en un clandestino por unas calles desconocidas de Sevilla era todo un regalo que no pensábamos rechazar.

Bailamos canción tras canción, conocimos gente, intercambiamos contactos y nos fuimos a dormir entre risas y cuchicheos emocionadas porque nuestra aventura aún no había terminado. Puede que ya no hubiera música en la calle pero en nuestro corazón retumbaba aún el swing.

Nos despertamos a las 9 de la mañana con resaca de música y piernas cansadas pero vigorosas. Desayunamos rápidamente en un barecito cerca del hotel y nos pusimos en marcha a la fábrica de sombreros abandonada donde Samuel Rigal Muñoz (@samuelrigal) nos iba a dar una clase de lindy hop de 2 horas. Samuel es un profesor muy conocido en Sevilla porque además dirige el festival de Swing anual de la ciudad. Así que le contactamos para saber si nos podía dar una clase y nos dijo que todos los meses hace clases abiertas así que no lo dudamos y nos apuntamos.

La fábrica de sombreros tiene una ambiente de pasado pero vivo porque hay artistas, murales, un sitio cuanto menos carismático. Durante la clase nos divertimos muchísimo, conocimos gente, sudamos, aprendimos nuevos pasos y lo más importante, bailamos al ritmo del swing sin parar. Cuando terminamos estuvimos hablando con la gente de la clase y nos llevaron a comer a un vegano muy rico, Veganitessen.

A las cuatro se acabó la sobremesa y con pena nos despedimos de nuestros nuevos amigos para ir al hotel a recoger, nuestro finde estaba a punto de terminar. Mientras recogíamos comentábamos nuestro viaje, Sevilla tiene muchos lugares con ese ambiente swing que a tantas personas nos mueve por eso segurísimo que volveremos, aunque ahora que nuestra primera ruta swing ha salido tan bien no podemos esperar a que llegue la siguiente ciudad de España.

Cogimos el coche y empezamos a despedirnos de Sevilla pero no del todo porque aún nos quedaba una última parada. Atrévete Shop, es un sex shop vintage que se convirtió en la guinda de nuestro fin de semana. Es como entrar en la cara sensual del mundo vintage, corsets, boas, lencería, juguetes. La decoración es preciosa, con un piano en la tienda y música de jazz sugerente te sientes como en otra época completamente diferente. Berta y yo salimos con compras pero esta vez no os voy a decir qué adquirimos.

Salimos de ese lugar casi de noche, por las ventanas dijimos adiós a un fin de semana mágico y a una ciudad que nos había enamorado desde la gente hasta los cimientos.

Hasta pronto Sevilla, seguiremos bailando con tu recuerdo en los talones.

Foto Cabecera: @nizarbenhalilou

Texto: Bego Amat

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